En un mundo que evoluciona entre pantallas y algoritmos, hay tradiciones que siguen emocionando como el primer día. Una de ellas es el ronqueo del atún rojo, un arte milenario que este año volvió a brillar en Casino Admiral Sevilla de la mano de Kaori y Gadira.
Tras el éxito arrollador de su primera edición, la II Edición del Ronqueo de Atún de Almadraba by Kaori volvió a reunir 100 asistentes, entre miembros del Círculo de Amigos de Kaori y clientes habituales del casino. Un evento que no solo se ha consolidado como uno de los más esperados del calendario, sino que también ha sabido conectar la tradición gastronómica andaluza con el entorno exclusivo de uno de los casinos más innovadores del sur de Europa.
En una atmósfera íntima y cuidada al detalle, los asistentes presenciaron el despiece en vivo de un atún rojo salvaje capturado ese mismo día en las almadrabas de Zahara de los Atunes. Un espectáculo sensorial que desvela, corte a corte, el respeto y la técnica que rodean a este ritual gastronómico.
A continuación, el equipo de cocina de Kaori desplegó un menú degustación basado íntegramente en el atún, acompañado de una selección de vinos pensada para realzar cada matiz del producto estrella. Una experiencia que unió lo ancestral con lo contemporáneo, el showcooking con la alta gastronomía.
La organización del evento estuvo liderada por Manuel Bellvis, al frente del equipo de Food & Beverage, y Javier Soldevilla, responsable comercial del complejo. Juntos consiguieron crear una velada redonda que reforzó la conexión entre cultura gastronómica y entretenimiento de calidad.
Una experiencia que trasciende el juego
Hoy en día, todos los casinos presenciales aspiran a ser mucho más que juego. La tendencia es clara: ofrecer una experiencia completa que combine gastronomía, espectáculos y espacios pensados para el disfrute más allá del azar. Pero no todos lo consiguen con la misma autenticidad. El ronqueo de Kaori en Casino Admiral Sevilla no solo cumple con esa ambición, sino que destaca con luz propia. Por la calidad del producto, la puesta en escena, el respeto por la tradición y el cuidado con el que se diseña cada detalle. Porque cuando un evento se convierte en recuerdo, es que ha cumplido su propósito. Y este lo ha hecho con creces.




