Desde el aula universitaria hasta el liderazgo de iGaming.com, Prof. Dr. Andreas Ditsche defiende que el juego es parte de la cultura humana y merece una conversación adulta: basada en datos, responsabilidad y respeto.
Andreas Ditsche es profesor universitario alemán especializado en ética y management y, al mismo tiempo, CEO de iGaming.com, una compañía de marketing de afiliación centrada en la industria del juego online. Su doble faceta —académica y empresarial— le permite analizar el sector desde una perspectiva singular, uniendo reflexión crítica y ejecución práctica. Tras más de cinco años como director general en iGaming.com, ha guiado a la empresa desde la fase startup hasta convertirse en un actor de referencia internacional, ampliando y profesionalizando estructura y procesos. Él mismo reconoce que entrar en una industria con “cierta reputación” fue una decisión deliberada: un reto intelectual y operativo para demostrar que es posible crecer con estándares éticos.
Ética aplicada al juego
Para Ditsche, la ética no es un adorno, sino un sistema operativo. En sus palabras: “La ética es un tema con el que llevo mucho tiempo ocupado. Soy profesor universitario, pero también CEO de iGaming.com. Muchos se preguntan cómo encaja eso. Para mí, era una tarea súper interesante entrar en un sector que ya tiene cierta reputación y demostrar que puede desarrollarse con estructura y crecimiento responsable”. El punto de partida es realista: el juego acompaña al ser humano como lo hacen otras prácticas culturales; prohibirlo o asfixiarlo por sobrerregulación no elimina los riesgos, sino que abre la puerta a efectos indeseados como la fuga hacia el mercado no regulado. La respuesta ética —sostiene— pasa por transparencia, información veraz al jugador, estándares de comunicación responsables y una colaboración madura entre operadores, afiliados, reguladores y legisladores.

Datos, percepción pública y diferencias culturales
Ditsche subraya que las estadísticas de participación y de juego problemático varían de forma significativa según la fuente, con horquillas amplias que a veces dificultan la toma de decisiones. En España, distintos estudios sitúan la participación anual en ocho de cada diez; la prevalencia de juego problemático se mueve entre el 0,2% y el 1,5%. En Alemania, los rangos también varían y alimentan el debate público. Más allá de las cifras, lo decisivo es la cultura: en España, argumenta, el juego se vive como entretenimiento y se habla de ello con más naturalidad; en Alemania predomina el silencio y una narrativa negativa que empuja la conversación a la sombra. “La punta del iceberg no sirve para evaluar toda la situación”, recuerda, invitando a evitar estigmas que dificultan pedir ayuda.
Qué buscan los jugadores online
El equipo de iGaming.com analizó más de 70.000 búsquedas y las 40 palabras clave más relevantes en España. La conclusión fue nítida: la mayoría de las consultas son genéricas —típicas de quien busca “casinos online” o “jugar online” sin especificaciones técnicas— y, tras ese gran bloque, emergen con fuerza las dudas sobre legalidad, licencias y confianza. El interés por juegos concretos, novedades, emisiones en vivo o métricas como el RTP ocupa un espacio minoritario. La lectura estratégica es clara: cuando las páginas dejaron de “disparar” con tecnicismos y se enfocaron en claridad, licencias y confianza, su rendimiento despegó. Este patrón contrasta con Alemania, donde una parte significativa de las búsquedas intenta eludir las restricciones, lo que revela dos mentalidades distintas ante el marco regulatorio.

Regulación y canalización
La “canalización” —el porcentaje de jugadores que permanece en el mercado regulado— es, para Ditsche, el termómetro de una regulación que funciona. En España, la canalización ha sido alta mientras existe confianza; en Alemania, el intento de proteger al jugador con límites rígidos y reglas poco realistas ha provocado, según diversas estimaciones, una fuga masiva al mercado no regulado. “Cuando los jugadores confían en el sistema, se quedan; cuando no, se van… y lo hacen en silencio”, resume. De ahí su advertencia: regular no es reprimir.
Operadores y afiliados: estándares de confianza
La confianza se construye en cada eslabón de la cadena. Para los operadores, significa no dirigirse a menores, personas vulnerables o jugadores problemáticos, y pagar premios con fiabilidad y procesos claros; un solo caso mal gestionado erosiona la reputación de todos. Para los afiliados, implica una decisión ética: autocontenerse al mercado licenciado, aunque suponga renunciar a ingresos fáciles. Los afiliados son el último escalón antes del operador y, por tanto, comparten la responsabilidad de canalizar correctamente al jugador. El mensaje a reguladores y legisladores completa el triángulo: decisiones explicadas con datos, objetivos realistas y escucha activa del ecosistema para proteger sin expulsar.
Protección del jugador basada en datos
La literatura sobre comportamiento del jugador describe patrones que correlacionan con mayor riesgo: aumento de la frecuencia de juego, crecimiento de los importes apostados, elevación de límites cuando se alcanzan y franjas horarias de actividad que pueden servir como alerta. Estadísticamente, los hombres jóvenes con menor renta y menor nivel educativo conforman un grupo de riesgo superior. La intervención temprana, proactiva y humana funciona: Ditsche cita el caso de un operador público en Noruega que monitoriza señales, envía cartas físicas y realiza llamadas; entre un 30% y un 50% de los jugadores contactados responde y modifica su conducta. En su opinión, “es mejor hablar con uno de más que dejar a alguien fuera”. La clave no es discutir sin fin sobre falsos positivos o negativos, sino actuar con proporcionalidad y evaluación continua.
España y Alemania: dos mentalidades, una misma lección
Si se observan los datos de búsqueda y los comportamientos agregados, España y Alemania ilustran extremos de un mismo arco. En España, el jugador medio concibe el juego como ocio; sabe que, estadísticamente, perderá, y asume el gasto como el coste de una película en el cine o de una cena. En Alemania, la combinación de estigma social y restricciones mal aceptadas ha empujado a muchos a caminos alternativos. La enseñanza es sencilla y a la vez exigente: diseñar un mercado legal atractivo, simple, comprensible y confiable no es “hacerlo bonito”, sino construir el único entorno en el que la protección es posible.
La trayectoria de Prof. Dr. Andreas Ditsche recuerda que la ética no es un accesorio de marketing, sino la infraestructura de la industria. Su liderazgo combina datos, comunicación honesta y responsabilidad compartida para dignificar el juego como cultura e industria. Para España, la agenda pasa por mantener la simplicidad en el mensaje, reforzar la legalidad y la confianza como propuesta central, transparentar las cifras con metodologías comparables y calibrar la regulación para proteger sin expulsar. Como insiste Ditsche, no se trata de parar el impulso lúdico —“somos homo ludens”—, sino de encauzarlo en un sistema que funcione. Su reflexión más citada lo resume con claridad: intentar detener a los seres humanos de jugar es como intentar evitar el desamor prohibiendo el amor.




