Los dinos del póker: lo que decían Adrián Mateos y Leo Margets cuando nadie sabía quiénes eran
Existe un archivo del póker español que casi nadie ha visto: entrevistas de hace quince y hasta veinte años a los jugadores que hoy encabezan las listas mundiales de ganancias. David Luzago ha pasado diez días rescatándolo, y el material cuenta mejor que cualquier estadística cómo ha cambiado este…
Existe un archivo del póker español que casi nadie ha visto: entrevistas de hace quince y hasta veinte años a los jugadores que hoy encabezan las listas mundiales de ganancias. David Luzago ha pasado diez días rescatándolo, y el material cuenta mejor que cualquier estadística cómo ha cambiado este país. Adrián Mateos con 18 años y la voz sin rodar. Leo Margets explicando en un telediario que no puede hablar de cifras. Raúl Mestre peleándose con una editorial por el título de su libro. Y, de fondo, el mecanismo de financiación que sostuvo a aquella generación y que la fiscalidad española acabó laminando.
«Intentar seguir ganando más cosas»: Adrián Mateos a los 18 años
La primera victoria grande de Adrián Mateos fue el Circuito Nacional de Póker de Madrid, con 18 años recién cumplidos. De aquella entrevista no queda rastro localizable, pero sí de la siguiente: el Estrellas Poker Tour que ganó apenas después, todavía en España, todavía antes de hacer las maletas hacia Londres. En el vídeo aparece un chaval con el timbre agudo, incómodo ante la cámara, que responde con una frase que hoy tiene otra lectura: «poco a poco ir subiendo de banca, intentar seguir ganando más cosas».
Ese «intentar seguir ganando más cosas» lleva hoy acumulados unos 61 millones de dólares solo en torneos en vivo, cifra coherente con un 2026 en el que Mateos ha superado por sí solo los 10 millones en cobros y se ha llevado el mayor premio de la historia del póker español, 6,37 millones. A eso habría que sumarle un volumen online que nadie ha cuantificado nunca.
Antes incluso de ganar aquellos dos torneos madrileños, Mateos ya había sido convocado por la Selección Nacional de Póker, un experimento no oficial que coordinaban Juan Manuel Pastor y Yoshi Abadía. El formato era exigente y hoy resulta casi exótico: cuatro representantes por país, sentados en mesas paralelas con las barajas predefinidas, de modo que todos jugaban exactamente las mismas manos y un sistema de puntuación medía quién les sacaba más rendimiento.
El salto a la cultura general llegó hace ocho años, en La Resistencia. Broncano le puso el vídeo del farol contra Johnny Loden —todo el stack en juego, un millón de euros en el horizonte— y Mateos tuvo que explicar en prime time por qué había hecho all in sin nada. Luzago no lo idealiza: «fue muy sensacionalista, obviamente, muy rosa o muy amarilla, no pasa nada». Pero sí lo señala como hito. Que un presentador de ese calado comentara una mano de póker en televisión generalista fue «una gran alegría y un gran recuerdo» para un sector acostumbrado a que solo se hablara de él en las páginas de sucesos.
El dato que da la medida del momento: cuando Mateos se sentó en aquel plató llevaba 13 millones de dólares ganados en vivo y acababa de superar a Carlos Mortensen. Durante años, Mortensen fue una frontera que se daba por inalcanzable —10 millones, con el segundo español, Raúl Páez, sin llegar al millón—. Hoy hay tres jugadores españoles por encima de esa marca: el propio Mateos, Juan Pardo y Sergio Aído. «Si a mí me lo llegan a preguntar en 2008 o 2009 hubiese dicho que jamás nadie alcanzaría a Mortensen. Y este chico en tres años ya le había superado», resume Luzago.
En ese mismo programa, Broncano le pidió que nombrara a un rival y Mateos señaló a Fedor Holz, alemán de su edad, admitiendo que en el cara a cara económico iba por detrás. «Pero le ganaré dentro de poco». Lo ha hecho: Holz dejó la competición profesional para jugar de forma recreativa y, aun así, sigue ganando torneos cada vez que se sienta.
Leo Margets, 2009: la jugadora que rompió el estereotipo en los telediarios
De Leo Margets hay material grabado desde 2008 en una cantidad que no existe con ningún otro jugador español, y la razón es una carrera que arranca con una negociación desesperada. Patrocinada por 888 para torneos pequeños en España, pidió jugar tres eventos en Las Vegas, la eliminaron, volvió a casa y suplicó que le pagaran el Main Event de las World Series. «Les prometí que si venía la iba a liar», cuenta en el clip de aquel año. Aceptaron tres días antes del cierre de registro. Acabó 27ª entre miles de jugadores y fue last woman standing.
Luzago añade una trastienda que él mismo reconstruye de memoria y sin poder nombrar a la empresa: cree recordar que una tercera compañía se ofreció a pagarle el buy-in a cambio del patrocinio, y que eso aceleró la decisión de 888. La comparación con la que lo explica es doméstica y funciona: «es como cuando te quieres cambiar de compañía telefónica».
Lo relevante no es el resultado, sino lo que vino después. Margets entró en los telediarios en un momento en el que el póker no tenía relato público en España, y el reportaje de TVE que se conserva lo dice todo en su entradilla: «ni whisky, ni puros, ni billetes encima de la mesa». El equipo con el que jugaba —una buhardilla que funcionaba como centro de alto rendimiento— se presentaba ante la cámara como universitarios que aplican matemáticas. Y cuando el periodista pregunta por dinero, la respuesta corta cualquier expectativa: «no nos gusta hablar de cifras, va en contra de la política del equipo».
Un año después llegaron el telediario de TV3, el libro La reina del póker, un spot de Estrella Damm y el paso por el late night de Buenafuente, la primera vez que un jugador de póker se sentaba en un programa de ese formato en España. Ahí Margets defendió la tesis que sigue siendo la mejor herramienta argumental del sector: el póker como entrenamiento en decisiones. «Saber decidir con información incompleta y entender que puedes tomar una decisión óptima a pesar de no tener toda la información disponible. Y esto es la vida».
Conviene no idealizarlo. Los departamentos de comunicación de los operadores la llevaron a esos platós, igual que después la llevaron a Supervivientes; el mérito, como apunta Luzago, empieza al llegar: «hay que defender bien las cosas que dices». Y hubo un efecto colateral que casi nunca se cuenta: la prensa la presentó durante dos o tres años como «la mejor jugadora del mundo» a partir de una lectura errónea de lo que significa ser last woman standing, y ella se pasó ese tiempo corrigiéndolo en cada entrevista.
Hay una frase suya de entonces que resultó profética: «yo creo que encarno muy bien la nueva generación de jugadores». La encarnaba. Esa generación sustituyó el instinto por el análisis y colocó al póker español donde está hoy. Margets sigue en activo: en el Main Event de 2025 volvió a ser la última mujer en pie y alcanzó la mesa final, algo que ninguna mujer conseguía desde que Barbara Enright lo hizo en 1995. Terminó séptima.
El parqué: cómo se financiaba una carrera antes de que llegara Hacienda
Hay una parte de esta historia que no produce épica pero sostuvo a toda una generación, y de la que —como reconoce Luzago— apenas queda documentación: «generalmente, del resto de jugadores lo que hay al principio es mucha paja».
De Sergio Aído se conserva una entrevista de 2012 en el Estrellas Poker Tour de Valencia, donde se le presenta como «un chaval que lo está petando online», y otra de 2013 tras ganar el World Poker Tour National Series de Barcelona. Es en esta segunda donde aparece el detalle que más contexto exige: Aído repartió unos 35.000 euros —el 40% de su premio— entre los usuarios que le habían financiado a través de el parqué, el sistema de venta de participaciones que alojaba PokerRed. El mecanismo era sencillo: un jugador publicaba su currículum, pedía financiación para un buy-in que no podía cubrir y vendía porcentajes desde 10 o 20 euros. Cualquiera podía invertir en la carrera de un desconocido.
Ese modelo hoy es mucho menos atractivo, y la explicación es fiscal. En España el premio se integra en la renta del jugador como ganancia patrimonial: hay que retener y declarar antes de repartir, y Hacienda no admite el argumento de los bancadores. «Poner un 20% para llevarte un 10 o un 12 ya no es tan interesante como antes, que ponías un 20 y te llevabas un 20», resume Luzago. El staking no ha desaparecido —se ha profesionalizado y se ha vuelto privado—, pero el modelo abierto y comunitario que permitió a jugadores sin banca acceder a torneos grandes quedó laminado por la fiscalidad. Es una de las razones menos citadas de por qué hoy cuesta más que antes que un jugador nuevo dé el salto.
De Raúl Mestre se conserva una entrevista de 2007 en el EPT de Barcelona, hecha por Simón, cofundador de PokerRed junto a él, en la que Mestre analiza con una franqueza poco habitual el error que le eliminó: no vio un raise previo porque el crupier le tapaba al jugador. Mestre es, además del creador de PokerRed, el fundador de EducaPóker, la escuela de formación en castellano más grande del sector.
El momento más revelador de aquel archivo es Mestre presentando su libro y explicando la negociación del título con la editorial: «intentad escribir un libro sobre póker, id a una editorial y negociad un título que no sea humillante para vuestra persona. Si lo conseguís, venís y me dais una paliza». La editorial quería, en sus palabras, «hacer millonario a todo el país». El paralelismo con la actual oferta de cursos de cripto e inversión es difícil de no ver.
Cierra la lista Juan Pardo. No aparece la entrevista que uno querría —la que le hicieron con 19 o 20 años tras ganar en el Casino Mediterráneo de Alicante, cuando anunció que quería pelear por ser el número uno del mundo— pero sí un clip de un EPT en el que reconoce estar multitabeando desde el móvil mientras juega en vivo: «tuve que nitear un poco más aquí porque estaba constantemente con el móvil».
Mortensen, 2001: el rey-nueve que abrió el camino
Todo esto empieza en un sitio concreto: el Main Event de las World Series de 2001. Dewey Tomko con ases, Juan Carlos Mortensen con rey y dama de tréboles, un all in con proyecto de escalera abierta y un nueve en el river que lo convirtió en el único campeón del mundo que ha dado este país.
Lo que sostiene la historia es el estilo, no la suerte. Mortensen jugaba a algo que en Estados Unidos no se estilaba en 2001 —ultraagresivo, muy lejos del ABC dominante entonces— y por eso lo apodaron el matador. Al recoger el brazalete, él y su mujer Cecilia gritaron «¡Viva España!», imagen que acabó en contraportada de El País. Probablemente no hubiera otro español jugando torneos allí aquel año. Desde entonces el país acumula intentos —los brazaletes de Adrián Mateos, el PSPC de Ramón Colillas, la mesa final de Margets— pero el Main Event sigue pendiente.
La lección fiscal que España no ha copiado
En la parte de historia internacional que aporta cada semana el argentino Santi García aparece un personaje que explica algo muy español: Billy Baxter, siete brazaletes, cinco de ellos en Deuce to Seven.
A finales de los setenta, Baxter se negó a pagar a la Hacienda estadounidense el tipo que se aplicaba a las ganancias de juego —en torno al 70%— alegando que sus ingresos dependían de su habilidad y no del azar. Llevó el caso a juicio y lo ganó, sentando el precedente que todavía hoy rebaja la carga fiscal de los jugadores profesionales en Estados Unidos.
La comparación con España es la que interesa aquí, y la formula Luzago: allí el casino retiene en el momento del pago y el jugador no arrastra el premio al ejercicio fiscal siguiente, como sí ocurre en el sistema español. «Me encantaría que funcionase así aquí». El marco estadounidense, eso sí, vuelve a estar en discusión por los cambios en la deducibilidad de las pérdidas.
Baxter aporta además la historia que mejor resume aquella época: fue el bancador de Stu Ungar durante años, lo encontró con una sobredosis el segundo día del Main Event de 1990, tiró la puerta abajo y lo llevó al hospital; los médicos no le dejaron volver a la mesa, pero su stack era tan grande que las ciegas no se lo comieron y Ungar terminó noveno sin estar presente. En 1997, cuando ningún bancador quería tocarlo, Baxter le pagó la entrada a cambio de la mitad de las ganancias y durmió en su habitación para vigilarlo. Ungar ganó su tercer Main Event y un año después apareció muerto en un hotel de Las Vegas.
La semana: Hervás gana el Main Event más grande de la historia del CEP
Jesús Hervás conquistó el Main Event más numeroso de la historia del Campeonato de España, disputado en Casino Barcelona, y se llevó 93.200 euros tras un acuerdo a tres bandas e imponerse a Julen Palacios en el heads-up.
Roberto Pérez se convirtió en el primer bicampeón del Poker ProMasters. La gran final se jugó de forma presencial en Casino Barcelona, después de que todas las fases previas se disputaran online. Y Lautaro Guerra, el mayor especialista español en Omaha, ganó 185.832 dólares en el PLO Sunday Super High Roller de GGPoker, un evento de 10.000 dólares de entrada que reunió a 67 jugadores.
Todos los lunes repasamos en CasinoNoticias la semana del póker gracias a la colaboración con David Luzago y Marca Póker. Si aún no has escuchado el último programa, te lo dejamos aquí.